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Según la aportación conceptual de Jaime Royero resulta innegable la relación
histórica entre el sistema científico-tecnológico y la sociedad en su conjunto,
dado que la actividad científica y tecnológica es concebida como estrategia
social para la superación de la pobreza y del atraso social.
Para Tûnnerman(2002) “el subdesarrollo científico tecnológico es, a la vez causa
y consecuencia del subdesarrollo económico-social”.
El papel de las universidades y muy específicamente el sistema de educación
superior, tiene sin duda una responsabilidad ante la sociedad en su conjunto, ya
que esta última exige a la universidad producir, entre otras cosas, conocimiento
científico socialmente válido capaz de generar soluciones creativas en las
múltiples áreas del quehacer social.
Existen exigencias puntuales de la sociedad que se han hecho ineludibles para la
universidad porque se basan en las siguientes razones socio políticas.
La pérdida de calidad y efectividad social de estas instituciones que ponen en
alerta al ente financista de las mismas, el Estado, en cuanto se refiere al
sistema público, que a su vez es responsable de dicha crisis. Y al mismo tiempo
que debe controlar al creciente sistema privado de universidades.
La acentuada crisis de los sistemas de planificación educativa como acción
correctiva de los sistemas institucionales.
La dualidad y contradicción de la organización del sistema de educación
universitario.
La herencia política indiferente y cómplice a la crisis del sector.
La asignación presupuestaria irrisoria para la investigación.
La intención de control total por parte del Estado obstaculizadora de la
necesaria autonomía.
La creciente demanda de los demás sistemas sociales a la educación como símbolo
de desarrollo.
La ausencia de una cultura de la planificación y dirección sistemática de estas
organizaciones.
La utopía de la masificación versus la calidad
La necesidad de mejorar los sistemas institucionales.
Sobre la base de estas exigencias, “las funciones de la universidad adquieren
también una nueva dimensión frente a la revolución socio-científica, provocada
por el papel central de la ciencia en la sociedad post-industrial” (Tûnnermann).
Dicha dimensión proviene de la necesidad de llevar el conocimiento a todas las
esferas de la sociedad, de actualizar el conocimiento debido al vertiginoso
avance del desarrollo social y a la aplicación de dicho conocimiento como parte
de una estrategia de desarrollo nacional en los países latinoamericanos.
Esta realidad, hace que las instituciones de educación superior requieran
cambios sustanciales en sus sistemas de investigación y gestión tecnológica.
Cada país del continente tiene su propia visión sobre la gestión de la
investigación y los resultados alcanzados por los esfuerzos desarrollados por
estos países se desconocen a grandes rasgos.
Hasta el presente, no se dispone de los datos necesarios para evaluar la
situación actual y las perspectivas de los sistemas encargados de formar
recursos humanos y de impulsar la investigación científica en la región
(UNESCO,1999), a pesar de esto, los trabajos de Lemasson y Chippe1 (1999) dan
una aproximación valiosa a la realidad sobre la investigación universitaria en
América Latina.
Estos autores realizaron un estudio de casos tomando en consideración a países
como Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Uruguay y Venezuela, sobre
elementos de política de ciencia y tecnología, mecanismos institucionales de
apoyo a la investigación, características de los sistemas e instituciones de
educación superior, financiamiento del sector universitario e importancia
relativa de las universidades en la investigación.
Los resultados no han sido alentadores, pese al avance en este campo y a las
iniciativas bien encaminadas. Pero la conclusión es que todavía falta mucho por
hacer.
En ese sentido, plantear acciones coordinadas y coherentes sobre la
investigación y basadas en un Plan de Investigación que busca la proyección a
largo plazo, deviene en una tarea necesaria e ineludible para la Universidad
Cristiana de Bolivia (UCEBOL).
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